Cuatro claves para un cambio de hábitos exitoso.

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Todos queremos modificar una conducta de cualquier tipo o un mal hábito y estoy convencida que la CLAVE para realizar ese cambio está en la “fuerza de voluntad”. Y precisamente es en esto en lo que fallamos en muchas ocaciones cuando queremos hacer un cambio. ¿Pero qué podemos hacer para reforzar nuestra fuerza de voluntad?.  Aquí te comparto algunos consejos que te ayudarán en el proceso de cambiar tus hábitos. 

Trabajo personal: la fuerza de voluntad se trabaja y se entrena todos los días. Para cambiar un hábito no solo son necesarias las ganas, sino que se requiere de un esfuerzo adicional que va de la mano con la disciplina y la acción. Es posible tener “recaidas”, y es normal; pero lo importante es siempre retomar el proceso y aprender de los errores.

Motivación: para generar cambios es necesaria la motivación y está sólo puede nacer de la persona que anhela una verdadera transformación. La mayor motivación que puedes tener es “tu propia convicción de querer ser una persona distinta y las ganas de ser mejor”. Para que no te frustres y abandones el proceso de cambio, debes ser perseverante, confiar y pactar un compromiso contigo misma.

No te juzgues: es importante que no seas dura contigo misma por no cumplir las metas que te propusiste. Se trata de tener paciencia y darte las oportunidades que sean necesarias; esto es CLAVE para fortalecer la voluntad y la autoestima. La mayoría de las veces somos nosotras mismas quienes más nos criticamos, juzgamos y no reconocemos nuestros pequeños avances y triunfos.

Todas somos diferentes: la fuerza de voluntad varía en cada persona, por eso no es bueno entrar en comparaciones. Los procesos son distintos para todas. Asumir que se necesita tiempo para dejar las malas costumbres sin castigarse; es un factor importante para alcanzar las metas trazadas.

Recuerda que Parte del éxito de iniciar este proceso empieza por reconocer que hay un problema que requiere solución y estar totalmente convencida de la necesidad de hacerlo; a diferencia de aquellas personas que son obligadas a cambiar su estilo de vida, no por decisión propia sino por una enfermedad o condición médica que requiere obligatoriamente hacer cambios drásticos.

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